14-10-11

confieso


Sé que no debo decirte, que es mejor que me lo guarde, que no lo diga, que lo esconda, que lo desaparezca en la memoria, en el olvido, en mis bolsillos, en mis cuadernos, en mis manos, pero sabes qué?


Te extraño.

Es eso, así de simple, aunque suelte, aunque entienda, aunque tenga esperanzas o no las tenga, aunque lo pase estupendo, salga, tenga mi vida y me divierta: te extraño.
Y no me gusta extrañar. Porque se hace patente la ausencia, la pérdida, el fracaso, eso que me falta, que no tengo, que no depende de mí, pero que quiero.
No, no me gusta.
Sí, se me va a pasar.
Y no, no es todos los días, todo el día, es un instante, un momento, un respiro, no, un suspiro. Y pah, echo de menos.  Y pah, por ahora, no tiene arreglo.
Pero sigo, andando, soltando, a mi manera loca que nadie entiende. Sigo diciendo adiós, por si es que fuese necesario, pero con todas las ganas de decir hola, si es que fuese adecuado.


Esta es la parte que no me gusta.
Esta es la parte que me duele, menos que antes, más controlado, sin llantos ni angustias, sin perder la calma ni correr por las calles agitando los brazos, es la parte que me mamo lo más sola que puedo, a sabiendas, con el café amargo primero, con el chocolate caliente después, con la sabiduría de otros adioses, con la fe de las niñas pequeñas. Sí, todavía creo.
Al diablo con la bolita de cristal, las preguntas a las cartas y los análisis de los sueños.  
Puedo conectar los puntos en reversa, pero no para adelante, lo sé. Y eso quiero. Que cuando haya que sentarse a mirar el ayer todo haya tenido sentido,ver que haya valido la pena.
Hoy no me arrepiento. Hoy ya no espero. Hoy solo quiero. Hoy, estoy bien, aun cuando te echo de menos. 

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