30-12-11

Tatán


Me cae mal el gobierno. Y se me nota, lo sé.

Yo no voté por Piñera, no estoy de acuerdo con sus gestiones, creo que tiene poco liderazgo y que en definitiva hace mal las cosas. Confieso que cada vez que sale una encuesta, como la última, diciendo que tiene un solo un 23% de aprobación me sonrío y le busco la cara a quienes sí votaron por él para ver qué me dicen, si siguen apoyando, si cambiaron de opinión, si justifican, etc.

Sí, me alegro de que haya hecho patente una ineptitud importante, y me alegro más porque no es solo una ineptitud de Piñera y sus boys, sino una ineptitud de la clase política entera, de todos estos viejitos de mil años forever apernados en sus sillones ganando sueldos reguleques a costa de nosotros, pobres weones que pagamos impuestos por todo. Y me requete alegro cuando veo que nosotros, pobres weones, estamos de a poco dejando de ser chanchitos buenos para ver, averiguar, reclamar, cuestionar protestar, y sobre todo, exigir. Como corresponde. Nosotros los pusimos en un sitial de poder, tenemos derecho legítimo de exigir que nos gobiernen bien. Y bla bla bla.

Bkn, lindo.

Pero hay algo que me da como penita.

Pienso en Sebastián Piñera, Presidente de Chile, empresario exitoso, que se codeó con Obama y le piropeó a la señora, que ha viajado, que está forrado, etc, un hombre que seguramente tuvo algún cagazo o tropiezo, pero que se levantó, que a lo mejor es buen padre y buen esposo y buen hijo o a lo mejor no, pero que definitivamente no es un hombre acostumbrado a fracasar y me lo imagino sentado, solo, de noche, con un whiskey en la mano, un pucho en la otra, sin zapatos, mirando con la ventana, masticando amargamente el resultado de las encuentas.

Un 23%.

Loco, ni el perro te mueve la cola.

En mi fértil imaginación sobrada de presupuesto, Piñera ya no es Piñera, ni Sebastián, ahora es simplemente Tatán, un hombre, bueno en unas pegas, no tan bueno o derechamente malo en otras, pero una persona al fin y al cabo. Sentado solo, a media luz, cansado después de un día en que todos le chuparon las medias o todos lo vapulearon, y como un eco horroroso suena en sus oídos: “23%” “aprobación” “baja” “lucro” “impuestos”. Me lo imagino moviendo el hielo en el vaso, viendo como se consume un cigarro, pasándole la mano por el pelo, seguramente con la guata apretada, pensando que antes de dormirse tiene que tomarse un omeprazol o una loperamida. Dios, qué terrible.

Claro, por un lado pienso que bueno, a lo hecho pecho, pero luego, aunque no quiera, empatizo con este hombre que sigue siendo persona, que resguardado tras camisas muy caras tiene un corazoncito que palpita como el de cualquiera y que ve que francamente fracasó en una pega.
El primer Presi de derecha en sopotocientos años, y mal. Porque mal. No hay cómo adornarlo, y más encima no le queda nada para arreglarlo, porque las elecciones están a la vuelta de la esquina.

Qué terrible. Pobre hombre.  El forrito en que se metió. Tiene que estar pensando “nunca más, mamita linda”, y no, mal. Pobre.

En fin, que aunque Tatán me da penita y ganas de mandarle una taza de chocolate caliente, Piñera me da rabia, y ganas de mandarle una carta bien larga. La wea es que, al final de día, mejores o peores, somos todos personas. Se supone. 

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