A veces me gustaría que pasara algo.
No sé qué, cualquier cosa, supongo.
Algo que me mueva el piso, pero no necesariamente un
terremoto.
Algo que me desconcierte, que me entretenga, que me
distraiga, que me motive.
No sé qué, pero algo.
No me quejo, me encanta la paz que hay en todo, pero esa paz
de a poquito se va quedando pegada en los zapatos, en las manos, en el pelo, en
el cuello, y es mucha.
Confieso que me aburro.
Que quiero que pase algo.
Algo más allá de una salida, un corte de pelo, un libro o un
concierto.
Algo como el mar, pero que pueda llevarlo conmigo.
Algo como la lluvia, pero que dure más rato.
Algo que no dependa solo de mí, que venga de otro.
Algo que me saque esas sonrisas que no logro frenar.
Algo que me saque esas sonrisas que no logro frenar.
Algo como una copa de vino, pero más dulce, pero no tanto
que me haga daño.
No sé qué, pero algo.
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